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Los niños con las niñas

En 1.857 se promulgó la Ley Moyano de Educación que aunque defendía la
obligatoriedad de la enseñanza elemental para todos lo niños y niñas de la
nación dejaba bien clara las diferencias entre estos.

Ellos aprenderían lectura, doctrina cristiana, principios de aritmética y
nociones de agricultura, industria y comercio. Ellas aprenderían, ¡ las labores
propias de su sexo !

En 1984, el Gobierno ordenó que toda la enseñanza pública fuera mixta. Seis
años más tarde, el artículo 13 de la Ley Orgánica del Sistema Educativo,
LOGSE, dirigida también a los estudios de primaria, establecía la necesidad
de superar cualquier tipo de discriminación.

Lo que en definitiva se buscaba, era dejar atrás los estereotipos, y
acercarnos a la igualdad entre niños y niñas. ¿Pero, es esto posible?

Iguales pero distintos

Los estudios, y apreciaciones de los expertos sobre esta materia indican que
las diferencias de aptitud y de comportamiento entre niños y niñas son casi
palpables. Y que muchas de estas son debido no solo a las diferencias
físicas entre ambos, sino al comportamiento y educación que los padres, los
maestros y la sociedad, aún subconscientemente, ejercen sobre ellos.

Así, diversos estudios han demostrado que los adultos conversan más con
las niñas, mientras que a los niños más bien se les corrige o se les dan
órdenes.

Al mismo tiempo, ellos desarrollan más habilidad y soltura en los problemas
espaciales y geométricos, y esto es consecuencia del fútbol, suena a broma,
pero este deporte, como cualquier otro, influye en el arte de medir las
distancias, controlar los movimientos del cuerpo, rotar y saltar.

Los grupos de niños suelen pasar de los ocho miembros, mientras que los de
las niñas no excede de cuatro.

Ellos buscan establecer una jerarquía de poder, ellas, indiferentes buscan
una armonía social.

La niñas acuden al adulto en busca de ayuda, mientras que el niño trata de
solucionar sus problemas, a veces incluso con violencia.

A los niños se les tolera más que den voces o se peleen, sin embargo esta
mal visto que una pequeña señorita haga lo mismo.

A la hora de jugar con muñecas el padre se desentenderá del juego, lo que
siempre lanzará al niño que requiera su compañía a jugar a algo más
masculino. El temor a que el niño salga mariquita puede más que cualquier
proclama antisexista.





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