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Los Nietos >>Hablando "de"
Cromos: lo tengo, no lo tengo
El coleccionismo es un hobbie que desarrolla y refuerza la memoria y fomenta las relaciones sociales tanto de niños como de no tan niños
Si le, si le, si le, si le...¡no le! Con una sonrisa de triunfo en nuestro rostro en seguida nos apresurábamos a enseñar nuestro taco de cromos repetidos, con la esperanza de que nuestro compañero encontrase uno de su gusto, para poder así cambiárselo por el que acabábamos de descubrir.
¡Qué lejos quedan aquellos tiempos del álbum y el bote de pegamento! Ahora los cromos suelen ser autoadhesivos, algunos incluso son de cartulina y carecen de álbum.
Los chicos de ahora tampoco son como los de antes, sin embargo, lo único que no ha cambiado es la afición por coleccionar estas maravillosas estampas multicolores.
Los Orígenes
El coleccionismo de cromos tiene sus raíces en el siglo XVIII, asociado al consumo de tabletas de chocolate que venían envueltas o acompañadas por estampas con ilustraciones de animales, paisajes, o exóticos indígenas de tierras lejanas.
En la actualidad los temas que protagonizan las colecciones de cromos suelen estar relacionados con las series de dibujos animados de televisión, como Pokemon o La Bola del Dragón.
También alguno de los últimos éxitos de Hollywood, como los derivados de Star Wars o el último título de Disney y por supuesto, los campeonatos de Fútbol.
Se da el caso de que, gracias a la colección de cromos del último mundial de fútbol, de más de 700 cromos, muchos chicos aprendieron la ubicación geográfica de los países participantes, así como los colores de sus respectivas banderas.
Coleccionar cromos es un hábito que fomenta la memoria, potencia la lectura y el aprendizaje de los números, y favorece las relaciones sociales entre chicos y mayores de todas las edades que comparten una afición común.
La llegada de las Trading Cards
Durante la pasada década, el coleccionismo de cromos se avivó bajo una nueva modalidad, las llamadas Trading Cards.
Las Trading-Cards son una nueva modalidad de cromos, que se diferencia esencialmente del cromo clásico en que está impreso en cartulina, por ambas caras.
Aunque se conservan mejor, esto imposibilita que se peguen en un álbum, y por ello se suelen almacenar como fichas o tarjetas en archivadores de páginas transparentes, muy similares a los tarjeteros donde guardamos las tarjetas de visita.
En definitiva, actualmente los cromos se siguen coleccionando, y se siguen cambiando tanto en los patios de los colegios, como en los mercadillos dominicales locales, como el castizo Rastro madrileño, o el Mercat de Sant Antoni en Barcelona.
Si entráis en una librería de viejo, ¿habéis probado a preguntar que precio alcanza actualmente aquella colección de cromos que tuvisteis en vuestra juventud?
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